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Juan Floreal Recabarren Rojas.
Episodios de la Vida Regional
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Antofagasta, Ediciones Universitarias. Universidad católica del Norte, 2002.

Blas Caffarena C. Memorias de Blas Caffarena. [Santiago], (3ra. Edición), Imprenta Seit Artes Gráficas, 1999. (pág. 74)

Estábamos en el año 1905, y fue cuando comenzó el gran auge de Antofagasta, pues esa ciudad que sólo tenía mil habitantes, en menos de un año, o sea de 1905 a 1906 se convirtió en una ciudad de setenta mil, y eso fue debido a la iniciación de los trabajos de más de diez oficinas salitreras con todas sus nuevas maquinarias, y por consiguiente la bahía de Antofagasta se convirtió en un emporio de vapores que llegaban todos los días y todos los muelles y playas estaban atestados de mercaderías, materiales, maderas, y en fin, una furia y oleaje de trabajos y movimientos jamás visto en los pueblos del norte (...)
En la pág. 76, describe el movimiento del puerto de Antofagasta en los siguientes términos: "Antofagasta en esos tiempos -1905-1906- era una verdadera California; allí corría la plata como agua y la mercadería que llegaba de Europa ya no cabía en la Aduana, ni en los muelles, y tuvieron que depositarla en plena calle; basta decir que cuando abrió mi negocio –relato para la sucursal que abre en la ciudad-, la mercadería llegaba hasta la plaza de Armas.

Constantino Macchiavello Ceppi
Ficha personaje

Silvia Mezzano Lopetegui. Chile e Italia: un siglo de relaciones bilaterales: 1861-1961. [Santiago, s.n., 1995] (Santiago de Chile, Eds. Mar del Plata), pág. 86.

Tampoco podía faltar el ingenioso italiano que se preocupó del que sería el sueldo de Chile, la industria del cobre. Este fue Constantino Macchiavello Ceppi, quien llegó al país en 1892, precisamente en Antofagasta, puerto que, como buen genovés, le convenía para su actividad, pero ésta sería la minería. Se instaló en la mina “La Vieja Carmen”, y la explotó junto a otras que le dieron fortuna y prestigio. Su descendencia fructificó, y un hijo, Santiago Macchiavello Varas, escribió un tratado sobre la industria del cobre y uno de los primeros textos chilenos de Política Económica salió de sus manos. Después, numerosos profesionales de prestigio, como el médico Atilio Macchiavello, que prestó numerosos servicios en 1930 como bombero en Antofagasta, honraron, con este apellido, el tesón y el amor al trabajo de ese genovés, que, como muchos otros ligures, escogió la tierra generosa de Chile para vivir.