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La Colonia Italiana en Arica:(1850-1918)

La actividad de Arica está relacionada con el tránsito de mercancías hacia el altiplano. Y ésta disminuye, sustancialmente, cuando la autoridad boliviana concentran el comercio exterior en Cobija y después por Antofagasta. También es abandonada por los peruanos que optan por Mollendo, unido desde 1874 por ferrocarril con el lago Titicaca. De esta manera, ve frenado su desarrollo como puerto de tránsito y, ello explica, el escaso monto de población que en 1875 llega a 3.492 habitantes. Así es que no logra despegar como puerto, aún en 1885, porque no consigue apropiarse del tránsito mercantil con destino a Bolivia. Por este año, Perú declara a Mollendo como puerto libre para la internación de artículos hacia el altiplano.
El censo de 1885 –efectuado bajo la administración de las nuevas autoridades chilenas-, arroja para el departamento de Arica un total de 9.245 habitantes, en tanto que en la ciudad residen 3.900 personas. De esta población un alto porcentaje es extranjera –cifra cercana al 10%–, mayoritariamente productiva y ubicada entre los rangos de edad de 20 a 50 años. Este registro contabiliza un numeroso grupo de 128 chinos que en su mayoría se desempeñan como sirvientes, cocineros y carniceros. Mientras que franceses e ingleses son marineros y los italianos ejercen el comercio. Detrás de los asiáticos, sigue la colonia italiana como la comunidad europea más numerosa –se anotan 66 súbditos peninsulares– cierran el conteo 28 alemanes.
Otra referencia interesante contenida en este censo, dice relación con el monto de nacimientos en los que la madre es chilena y el padre extranjero y que supera el 10%. Este índice muestra la integración que experimentan los inmigrantes –en esta nueva tierra– donde arriban a trabajar y formar familia.
El censo efectuado el año 1907, apunta 6.000 habitantes para el puerto de Arica y entre ésta población, es posible apuntar 551 extranjeros que representan un poco más del 9 % del total de residentes. Agrega que encabezan la lista de naturales europeos los alemanes con 129 personas, le siguen los británicos con 111 súbditos, continúan los italianos con 49 individuos y, por último, están los chinos con 44 sujetos. Vale decir, en un poco más de un decenio, ha cambiado drasticamente el monto de residentes extranjeros de nacionalidad europea y asiática, ocupando los últimos lugares, las comunidades anteriormente más numerosas. Además, se observa que el número de italianos disminuye notoriamente.

El progreso de Arica

Tal como lo hemos señalado en otro párrafo, el progreso de poblado es difícil porque éste depende de la capacidad para generar movimiento portuario. Mientras la ciudad no posea rutas que permitan una expedita comunicación con territorio boliviano no es posible utilizar esta bahía para el ingreso y salida de productos con destino al altiplano. Una de las primitivas iniciativas se gesta alrededor de la década de los ochenta. El gobierno chileno autoriza a una empresa privada para efectuar los trabajos preliminares que deben culminar en un camino carretero que partiendo de éste puerto llegue hasta Bolivia, permitiendo la salida hacia la costa, por ejemplo, de los minerales de Choquelimpie, Turuquiri, Carangas y otros lugares.
Al no concretarse ésta y otras iniciativas de similar tenor, el lento avance de la localidad continúa. Así, pues, en 1887 sólo existen dos escuelas, una para varores y la otra para niñas, que registran una matrícula cercana a los doscientos educandos. Agrega un viajero –que visita el pueblo por aquellos años– que el comercio de Arica se resiente de falta de animación y de surtido. Abundan sólo los pequeños negocios en que la venta de licor hace el principal; pero tiendas, propiamente hablando, no las hay, y las mercaderías que se expenden son ordinarias, incompletas y de un precio tal, que al que llega del sur le produce tal impresión que apenas le deja ánimo para despedirse del comerciante. En general, el precio de todos los productos es el doble de lo que importan en Santiago o Valparaíso. La vida es cara y se sirve mal. Finaliza este visitante narrando que las enfermedades son recurrentes –las disenterías y la tercianas atacan sin que se les haya dado pretexto –, debido a un clima infernal, húmedo y con un sol tropical, agravado porque el morro impide la brisa purificadora del mar.
Por aquellos años, existen algunos pozos, quizas el más importante es el ubicado en la esquina de las calles San Marcos con La Matriz donde existe una bomba. No obstante, en la mayoría de los barrios de la ciudad el vital elemento es distribuido en carretones mientras que las aguas servidas eran sacadas de las casas por personas de origen chino, que cobraban por este servicio a veces más caro que por el agua que se bebía. El hospital San Juan de Dios –por estos años-, aún no es concluído. A mediados de 1889, está terminada solamente la sala destinada a los enfermos varones. Mientras que el recinto para mujeres no se ha habilitado por faltar el enmaderamiento de los ventiladores y los vidrios de éstos y de las ventanas.
La seguridad pública está en manos de una fuerza policial compuesta por un comandante, un oficial, tres clases y trece soldados. Apenas existen en la comunidad tres médicos y dos boticas. La recreación es muy precaria, pues sus habitantes sólo pueden disfrutar de los compases de una banda militar que viaja de la vecina Tacna. Desde un periódico ariqueño se escribe que cuando la banda deja la ciudad, sus pobladores regresan a la monotonía de las visitas, los cafés, con el consabido cachito, los paseos solitarios y sin rumbo. La localidad está unida a la importante plaza de Tacna mediante el telégrafo, en cuya oficina hay un empleado y dos aparatos.

Terremotos y maremotos

El 13 de agosto de 1868 –alrededor de las 17 horas–, se produce un gran sismo seguido por un maremoto en toda la costa del Pacífico desde Valparaíso, por el sur, hasta la localidad de Ica, por el norte. En Arica el fenómeno telúrico junto con la violenta salida del mar, deja como secuela alrededor de 300 víctimas y pérdidas materiales de magnitud.
La enorme fuerza del mar queda registrada en la destrucción del barco norteamericano Wateree, cuyos marineros son testigos privilegiados de los estragos del maremoto. El navío es arrastrado por las furiosas aguas y los tripulantes salvan de manera providencial. Observan como el mar traga a un grupo de sobrevivientes, agolpados en el muelle en procura de auxilio de los barcos surtos en la bahía. Y cuando un bote intenta socorrerlos, un nuevo terremoto y, el consiguiente, maremoto, hace desaparecer a la gente y los marinos que pretenden ayudarlos. Luego, viven la experiencia más horrorosa de sus vidas, contemplan como la mayoría de las embarcaciones y sus dotaciones son engullidas por el mar. Posteriormente, la nave se montó sobre la mas grande ola del maremoto, una verdadera muralla de agua y fue arrojada desde la cima de la ola varios kilómetros tierra adentro.
Consumada la tragedia que significa la destrucción completa del puerto, el gobierno peruano elabora un completo plan para su reconstrucción. Sin embargo, hacía 1874, sólo se ha conseguido levantar el edificio de la Aduana y, en 1876, se inaugura la iglesia construida de fierro colado. No obstante, una nueva catástrofe se abalanza sobre la golpeado pueblo. El 9 de mayo de 1877, a las 20 horas, un nuevo terremoto y maremoto, vuelve a destruirlo. Aunque sólo se contabilizan cinco personas muertas, los pérdidas materiales son importantes, porque se desploman la mayoría de las construcciones.

Fuente: Carlos Díaz G. Origen y desarrollo de la Colonia Italiana en el Norte Grande de Chile: 1850-1918. Capítulo. La Colonia Italiana en Arica. (1850-1918)