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Colonia Italiana en Viña del Mar

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VIÑA DEL MAR 3.0

Fragmento de: Viña del Mar.¿Ocio o Negocio?.
Autores: Ramón A. Méndez y Andrea Ejsmentewicz.
Publicado en: Archivum. Año IV, Número 5, págs. 158-159.

Entre el primero y segundo tercios del siglo XX, Viña del Mar cambió su vocación residencial con matices de balneario y descubrió que podía ser la capital del turismo nacional y -por qué no confesarlo- la de toda la América al sur del Ecuador.
(...)en Viña del Mar se procede a despejar el bordemar y a erradicar la industria, la cual es desplazada, naturalmente, hacia el norte, donde los terrenos planos son escasos, salvo en Las Salinas, Concón y más allá del río Aconcagua.
Un segundo aporte será poner en valor las bellezas naturales de los roqueríos costeros, para lo cual se inaugura, en 1930, el camino a Concón con innumerables curvas que abren otras tantas vistas al océano y sus rompientes.
En cuanto a recursos materiales, la instalación de un casino es la primera prioridad, planteada tan temprano como 1913 e inspirada, como es de suponer, en Montecarlo; la idea obtiene aprobación legal y ruleta y baccarat se instalan en el Balneario El Recreo.
Pero era necesario un marco más espectacular para esta capital del turismo.
Con un empréstito del Estado y capitales privados, la ciudad se dio a la tarea de construir la infraestructura indispensable, en medio de las turbulencias políticas y económicas del momento: en 1928, se abre el Teatro Rialto; en 1929, ya está clara la diferencia entre playa de baño y alberca de natación y se inaugura la Piscina Municipal de 8 Norte; el mismo año, se entrega al uso el estadio y velódromo de Sausalito (¡10 años antes que el Estadio Nacional de Santiago!); 1930 es pródigo en el nacimiento de nuevos e importantes edificios, dándose término a las obras del Palacio de los Presidentes, en el Cerro Castillo, el Teatro Municipal (en sitio donado por doña Blanca Vergara de Errázuriz) y el Casino Municipal.
En 1934, la Municipalidad se traslada al Palacio Carrasco, en Avenida La Libertad, anterior residencia del adinerado industrial salitrero Emilio Carrasco.
La infraestructura turística se ve enriquecida, en 1935, con el inicio de las operaciones del Hotel O'Higgins. Dos años más tarde, la Municipalidad compró los terrenos de Caleta Abarca en que funcionaba Lever Murphy y Cia., para convertirlos en balneario.
(...)Más tarde, en el Palacio de la Quinta Vergara, se instaló el Museo Bellas Artes de la ciudad y, en 1946, se inauguró el Hotel Miramar, en parte de los terrenos adquiridos a Lever Murphy; se reconstruyó las defensas del mar de la Avenida Perú, y se entregó al uso la recién pavimentada Avenida San Martín.

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